martes, 19 de septiembre de 2017

Revisando la Historia



BUENO BASTA ‒ YA SE PASARON DE LA RAYA ‒ CON LOS CHICOS NO SE METAN
 
“Deja que la melosa lengua lama la pompa absurda y el gozne de la servil rodilla se doble allí donde el lucro pueda seguir a la lisonja”
(W. Shakespeare -“Hamlet”).
 
Bastantes personas, dispares entre sí, difunden y ampliamente, la idea de que el estado deplorable a que hemos llegado, es culpa exclusiva nuestra, por una extraña condición endémica, caracterizada por individualismo, holgazanería, y capacidad mental muy reducida, todo esto sin la menor injerencia extranjera. En parte tienen algo de razón, pero sin olvidar que los afectados por este extraño mal son escasos, y se encuentran acantonados en los puestos jerárquicos, donde los colocan los votos de una masa ciega, cuya única fuerza social radica en el número.
 
Bien, ese puñado de individuos se encuentra en sus puestos desde nuestro mismísimo nacimiento en 1810 y no por generación espontánea, sino, como dice Ortega y Gasset en “Historia como Sistema”, que los hechos de la historia no suceden por generación espontánea y porque sí, sino que tienen su antecedente; es decir, que tal cosa sucede hoy porque ayer sucedió tal otra, y que si no fuera de esa manera, sería prácticamente imposible una ciencia histórica reduciéndose a una pululación rebelde de sucesos, indómita ante toda sistematización y leyes.
 
Veamos: dice Julio González en “Los Tratados de Paz por la Guerra de Malvinas”: “Los artículos importados siempre fueron inicialmente baratos, porque en Gran Bretaña y los países del Commonwealth era y es virtualmente esclavo”, siguiendo que “los soldados derrotados en las jornadas de la Reconquista de 1806 y la Defensa de 1807 volvieron a Gran Bretaña, pero los mercaderes y permisionarios del Edicto de Libre Comercio de 1809, quedaron como comerciantes y como conductores políticos”. Prosigue: “la catarata de artículos importados de Gran Bretaña en 1810, igual que su equivalente de 1993 ocasionada por el decreto de Desregulación nº 2284 de 30/10/1991 fueron inicialmente baratos por la razón citada, determinando una drástica supresión del trabajo de los argentinos, y una acelerada reducción de sus ingresos laborales. Tal la consecuencia elemental de la economía del mercado para el rédito empresario internacional”. Y también: “Junto con las mercaderías inglesas llegaron y se afincaron los mercaderes, entre ellos, Alexander Mackinnon, quien organizó la British Commercial Room, cuyas actividades gravitaban, con las características de una invasión silenciosa y sostenida y una compulsión permanente, razón por la cual el virrey Cisneros dispuso que los súbditos británicos debían abandonar la ciudad el 18/05/1810 pero, un día antes de la expulsión, arribó la fragata inglesa “Misteltoe” y comenzó la Semana Mayo con la instalación de la Primera Junta de Gobierno, cuya integración fue redactada por el mismo Alexander Mackinnon”.
 
“Poco a poco se perfilaron en el gobierno dos grupos antagónicos en la política argentina, que marcan su evolución, un grupo minoritario de unitarios y logistas, donde militaban liberales y extranjerizantes (en una palabra cipayos), y otro mayoritario de federales, autonomistas, donde militaban los argentinizantes, defensores de lo criollo, tradicional, nacional, católico y auténticamente argentino hispano-cristiano”. “La masonería en la Argentina y en Mundo” - Aníbal A. Rottjer. Sigue: “el antagonismo de estos grupos ha decidido en el pasado y decidirá en el porvenir la grandeza o la decadencia de nuestra Nación”.
 
Esta división es suficiente para explicar esa opinión difundida de unas lacras morales congénitas nuestras, culpa de nuestra decadencia. Aunque en realidad apoya y da la razón a la idea de Ortega, ya que ejemplifica a la perfección su teoría de la sistematización de la historia, y no esa de una especie de generación espontánea. Ese cipayismo encontró luego sus máximos exponentes en Moreno, quien pidió ayuda al embajador inglés en Río de Janeiro como para oponerse a todo intento de una restauración cisnerista, insinuándole a la vez el deseo, por parte de la Junta, de establecer nuevas relaciones mercantiles con la nación inglesa, estableciéndose luego, el 05/06, según Levene “Historia de la Nación Argentina”, se establece una nueva escala de derechos a la exportación de frutos del país, disminuyéndolos en más de un 100%. “El 15/07 se permitió la exportación de metales preciosos, previo pago de derechos, el 19/07 se declaró libre la exportación de harinas, etc”. (En “Así fue Mayo” – Federico Ibarguren).
 
Pero hay que esperar a que Rivadavia regrese de Inglaterra donde había concurrido con el propósito de formar una compañía minera para explotar los yacimientos de metales preciosos de las Provincias Unidas del Río de la Plata, para poder observar en todo su esplendor esas tendencias encontradas en Moreno, antiargentinas extranjerizantes  y anticatólicas; propias de un utopista e iluso jacobino, característica que me permiten incluirlo dentro de los jóvenes idealistas aparecidos con vida, aunque más alto y más blanco, con una trayectoria tan similar a nuestros actuales gobernantes que hasta regresar de un viaje a un país anglosajón antes de asumir su cargo, en Octubre de 1825, como es la costumbre actual, generalizada, seguramente para retirar su “manual del usuario”.
Pero ya es hora de enfocarnos en la cuestión de las deudas externas y sus consecuencias.
 
Comencemos con el primer empréstito, (el de la Baring Bross), contraído por Rivadavia y su ad later Manuel José García, en 1842, por un millón de libras esterlinas, que se colocó al 70%, y que la casa Baring descontó, al servicio de dos anualidades de manera que la Argentina solo percibió 50.700 libras. Este primer empréstito representa una riqueza que se llevó de Argentina a Inglaterra, en seguida se retuvieron 70.000 libras “de gastos varios”, en resumen Inglaterra descontó una suma real de 700.000 y las repúblicas españolas quedaron hipotecadas en 20.890.000 libras. De 1822 a 1826 se efectuaron tres empréstitos hechos de Inglaterra a las colonias españolas. “La primer arma de la dominación económica es el empréstito, nuestra deuda se terminó de pagar en 1904 y no sirvió para nada”. R. Scalabrini Ortiz “Política británica en el Río de la Plata”. Conviene ahora que nos remontemos al Siglo XVI, época de la oposición entre la Reforma y Contrarreforma, es decir, entre la “modernidad protestante” anglosajona y misionismo español y católico, en la opinión de Juan A. Ortega y Medina (en “El Destino Manifiesto”), conflicto heredado por Estados Unidos. Que justifica su teoría del predestinado imperialismo, el cual discrimina entre elegidos y réprobos (hombres, razas y naciones). Tocándonos a nosotros, con toda Iberoamérica, el lado de los réprobos de esta barrera teológicamente discriminatoria. No imaginen ni por un segundo los que sustentan la teoría de la generación espontánea de una endemia de lacras morales que nos endilgan y que sería la causa de nuestros males.
 
Veamos: dice Don Julio Irazusta (“influencia economía Británica en el Río de la Plata”). Que al finalizar el siglo de oro español, que el Siglo XVIII vio surgir una Inglaterra pujante, al punto de ambicionar posiciones enormes en América acosta de las posesiones francesas: exigían inmensos territorios, un monopolio sobre las pesquerías de Terranova, comercio legal y directo con los súbditos españoles en las Indias Occidentales, etc. Antes de su muerte, Guillermo III, su ministro Portland sugirió a Francia el reparto de las Indias españolas. Desde la última década del Siglo XVI, importantes publicistas, como Jonhatan Swift plantean una nueva política de extensión en el mar y la creación de “una nueva Roma”, con el desarrollo del comercio internacional, oportunamente apoyado por los cañones de la “Royal Navy” todo esto legitimizado por una supuesta vocación de evangelización de los indios o implantar una regeneración de los mismos, “falsamente evangelizados” por los españoles y hacerlo por medio de la religión reformada. Todo lo que podía ensayarse por medio del mercantilismo “comprando las perlas de la tierra y vendiendo las perlas del cielo”. Y con el apoyo de propaganda antiespañola, odio que hemos heredado, con los epítetos frecuentes que eran: la crueldad, la indolencia, la cobardía y el fanatismo españoles.
 
No permita que lo engañen más, ya sean traidores arteros y solapados como Alfonsín, o un frívolo cholulo, fanfarrón e inconsistente, traidor a cuanto pueda traicionarse, como Menem. Estos personajes han tenido como único prestigio político saber decir “Yes, Bwana”, cada vez que escuchaban (o creían escuchar) la voz del amo, mientras vociferaban frente a un micrófono con el consabido fruncimiento de cejas y perforando el aire con el índice, apretando sin compasión a los de abajo y aflojando sin vacilar a los de arriba, con la clásica actitud del tornillo. En fin, nosotros que amamos profundamente a nuestra Tierra y sus Tradiciones, los vemos como traidores, tal vez ellos no se vean así. Y tal vez tengan razón, porque sujetos de esta calaña no tienen Dios ni tienen Patria.
 
La Geopolítica es la ciencia que estudia el movimiento de los pueblos hacia su grandeza o declinación. Y desde antes de nuestro nacimiento como Nación estamos sometidos a una geopolítica agresiva, pragmática, netamente mercantilista y profundamente anticatólica, que es la anglosajona, que perdura hasta la fecha. Ud. me dirá que me remonto al tiempo de Ñaupa, que eso es Historia Antigüa y cansadora, tal vez, pero no se olvide que la Historia es un sistema, que lo que sucede hoy es consecuencia de otra cosa anterior, que es su antecedente. Algunos datos pueden aclarar el concepto: 1711 se publica un panfleto en Londres, anónimo, escrito por “una persona de distinción”, titulado, “una propuesta para humillar a España”. En el que luego de exponer detalladamente las riquezas naturales, las vías de comunicación posibles y los sistemas de defensa se propone la invasión de Bs.As.
  
En 1877 Sir Cecil Rhodes, fundador de Rhodesia y su emporio aurífero y diamantero, dirigido por Anglo American y DE Beers, y también del narcotraficante Chartered Bank de Asia, escribió su testamento, en el que lega su fortuna al Fondo Rhodes, con el objeto de establecer un fondo de y para el establecimiento, fomento y desarrollo de una sociedad secreta, cuyo verdadero fin y objetivo será la extensión del poder británico por todo el mundo, el perfeccionamiento de un sistema de emigración del Reino Unido y de colonización por parte de súbditos británicos a todas aquellas islas donde pueden obtenerse medios de sustento mediante la energía, el trabajo, la empresa y especialmente la ocupación por colonizadores británicos de todo el continente de África, la Tierra Santa, el valle Éufrates, las islas de Chipre y Candia, toda América del Sur, las islas del Pacífico que no pertenecen todavía a Gran Bretaña y todo el archipiélago Malayo, las costas de China y Japón, la recuperación final de Estados Unidos como parte integral del Imperio Británico. Dicha sociedad secreta resultó ser el RIIA (Royal institue of international Affairs, de dónde sacó Rhodes esas ideas?, naturalmente de su educación, a la que tanta importancia dan los ingleses, elevando la suya y degradando la de los países que tienen que caer bajo su garra, de ahí el desastre en que se ha convertido a la nuestra con la imposición de la educación sexual, ideología de género, en fin, la cultura de la muerte, que busca la degeneración de nuestros niños y la destrucción de su identidad. Al paso que va prefigurando la personalidad de sus futuros posibles súbditos.
  
Bien, Rhodes fue alumno de Oxford y su maestro, John Ruskin, desde 1820, inculcaba a sus alumnos la idea de que los ingleses eran herederos de una magnifica tradición, pero que la misma no se podría salvar, a menos que se extendiese a lo largo y ancho del mundo, y soñó con un Imperio Británico, dirigido por graduados de Oxford, Cambridge y otras escuelas elitistas.
 
Y como maniobrar para lograrlo? por medio de las llamadas Guerras Políticas, que son todas las acciones no militares destinadas a dividir, engañar, desinformar y someter al “enemigo”, el objetivo es destruir la República por dentro, imponiendo malas leyes que provocan miseria, y descontento social. Fundamentalmente, destrucción de Factores Morales y Psico Sociales y así reducirlos al mínimo posible que no permita resistencia al régimen de colonización anglosajona.
  
¿Cuál es el enemigo del Imperio? algunos ejemplos y una opinión británica pueden ayudar a aclarar el punto: d. Hipólito Irigoyen, el dr. Arturo Illia y ‒nobleza obliga‒ Isabel Perón no pidieron un centavo de Deuda Externa y fueron derrocados por golpes militares. La opinión británica resulta ser el Informe de Lord Franks, publicado en la Falkland Island Review de marzo de 1983: “El gobierno de la sra. de Perón no puede continuar porque su política económica resulta hostil a los intereses británicos, no por agresiones a bienes británicos, como por ejemplo no contraer Deudas Externas. Continúa diciendo: “sino por actitudes económicas beneficiosas para la Nación”.
 
De lo dicho se desprende que los objetivos ingleses apuntan a la destrucción y desunión en varias áreas: económico, por medio de la imposición de Deudas Externas y fundamentalmente, cultural, hasta el punto de que puede asegurarse que no existe proyecto político sin proyecto cultural previo.
  
Actualmente, el peso de esta campaña se depositó en la cuestión de la “ideología de género” y la promoción de la “cultura de la muerte”, homosexualidad, aborto, etc., precisamente dicha “ideología de género” busca la destrucción de la persona consigo misma, es decir,1) la pérdida de la identidad; 2) la destrucción de los lazos entre los hijos y sus padres. Éstos planes se desarrollan particularmente en el Standford Research Institute, eslabón de la cadena del Instituto Tavistock de Londres, en Estados Unidos, este Instituto se ocupa de la investigación y la manipulación de la conducta, individual y colectiva. La pregunta que se impone es: ¿Puede existir alguna forma de oponerse a esta invasión? Tal vez, pero sería para esto imprescindible lograr la unidad del pueblo, que decidió plantarse ante el atropello, que significa la agresión a sus hijos, y le haga saber al gobierno que ya ha sobrepasado de lejos la raya, al meterse con la personalidad y el futuro de los hijos desde la Escuela, y que no está dispuesto a permitir semejante atropello, precisamente los carteles de propaganda de “Cambiemos” rezan “Juntos es posible”, exactamente, pero no en el sentido de esa propaganda política. Se hizo y dio resultado en Méjico, Colombia, y Panamá. Donde gracias a la decisión masiva de sus pueblos, utilizando las redes sociales de comunicación se unieron y se hizo saber a sus gobiernos, que se les negaría colectivamente el voto, único fin único motivo de ser de estos cipayos, y lo único que les duele ‒lograron la derogación de esas leyes de “educación”‒ lo lograron como reacción popular ante el intento de la ONU de imponer la ley 0.61 de educación, directamente en sus escuelas sin pasar previamente por el Congreso. Si se logra la unión de la sociedad en defensa de los hijos y se exige la derogación de esas leyes que están transformando nuestras Escuelas en burdeles, por supuesto, mostrando una unión y una decisión firme y haciéndole saber al gobierno que efectivamente no van a recibir ni un solo voto a menos que deroguen esas leyes de educación hay que comunicárselo para que no les quepa lugar a la más mínima duda y rápido, porque ya no falta mucho tiempo para que se reinicie el fandango electoral. Y que se enteren fehacientemente, ni un voto.
 

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Mirando pasar los hechos



CASO MALDONADO:
TODO LO QUE HAY QUE SABER PARA ENTENDER LO QUE SUCEDE

‒ Si los supuestos o reales indios cortan la ruta, se llama resistencia ancestral. Si los gendarmes restituyen la viabilidad del camino obstaculizado, se llama salvaje represión.

‒ Si a uno o varios gendarmes le fracturan los pómulos a pedradas, se llama rebeldía atávica. Si los gendarmes devuelven los cascotazos, es genocidio.

‒ Si diez adoquines son arrojados por un mapuche resulta autodefensa. Un guijarro lanzado por un gendarme es discriminación racial y violencia étnica.

‒ Si grupos de mapuches incendian iglesias y matan a los que están en ellas, es afirmación de la identidad originaria. Si los gendarmes corren a los agresores para capturarlos es invasión del espacio sagrado.

‒ Si los mapuches le gritan asesinos a los gendarmes, amenazándolos con que los van a ir a buscar adónde vayan, es manifestación de telurismo. Si los gendarmes le dan la voz de alto a los depredadores es acoso verbal homicida.

‒ Si los mapuches van encapuchados, rompiendo todo a su paso, es costumbrismo añejo y sacro. Si los gendarmes llevan el casco reglamentario, se están ocultando y encubriéndose corporativamente.

‒ Si los mapuches atacan en malón, en organizadas guerrillas, viven en la clandestinidad y prometen matar a sus enemigos, es el reclamo sempiterno de las raíces contra los malvados huincas. Si los gendarmes detienen a los guerrilleros, sorprendidos in fraganti, es Terrorismo de Estado.

‒ Si los mapuches reclaman millones de hectáreas del territorio patrio, es el derecho originario. Si las fuerzas de seguridad les piden ‒y ¡por favor!‒ que dejen de saquear el microcentro, volvió “la dictadura”.

‒ Si se ocultan, evanescen, se volatilizan, se esfuman los integrantes de RAM, tras cometer todo tipo de tropelías, es táctica de intransigencia en pos de reclamos milenarios. Si todo el planeta político, jurídico, legal y militar se moviliza para encontrar a un anarquista filomapuche, es un caso evidente de desaparición forzada.

‒ Si mueren en cumplimiento de sus misiones contingentes enteros de gendarmes, a nadie se le ocurre pensar que detrás de cada uno de ellos hay una familia que los llora. Si le tocan una rastra a un nómade por propia decisión, Maldonado es mi hermano, mi hijo, mi nieto, mi chozno.

‒ Si the Benetton Group, nos roba la Patagonia, es capitalismo salvaje y penetración foránea; y es cierto. Si lo mismo hace The Mapuche Nation con sede en la británica Lodge Street, también lo es. Pero de eso no se habla. Y mucho menos de las explícitas, antiguas y remozadas pretensiones israelitas a nuestra soberanía patagónica. Esto ya es conspiracionismo nacionalista. Que nadie ose traspasar el umbral de lo políticamente correcto.

‒ Si el imbécil del rabino Bergman, investido de Ministro Planta y de Funcionario Plasma, les devolvió oficialmente a los mapuches, el 30 de diciembre de 2016, el bastón de mando que en 1938 Perón les había obsequiado, “como reconocimiento de los derechos ancestrales del pueblo mapuche”, según lo glosa, larga y admirativamente la revista kirchnerista Zoom (http://revistazoom.com.ar/el-baston-perdido-de-peron-y-la-lucha-de-los-mapuches/),embanderada ahora con la causa Maldonado, entonces quiere decir que tanto el macrismo como el peronismo no están dispuestos a defender a la patria de la demencia criminal de estas tribus sediciosas, delictivas e insurrectas.Son partes intercambianles del mismo Régimen.

Conviene tomar nota y obrar en consecuencia. Esto no lo arreglan ni lo entienden los brujos de la tribu, sean liberales o marxistas, sino los Defensores de la Argentinidad.

Antonio Caponnetto

martes, 12 de septiembre de 2017

Como se pide



A MI HERMANA LA DEGOLLÓ UN MAPUCHE

Fue en Esquel el 13 de noviembre de 1991. Patricia de 30 años se hallaba en su casa sola con su hijito de 2 años a las 8 de la mañana aproximadamente. Su marido había partido ya a trabajar.

Caripán, un mapuche de 19 años, había desertado del Ejército. Lo habían detenido en la Alcaidía de Esquel de donde se fugó. Aprehendido nuevamente en la comisaría de Esquel, esa fatídica mañana logró huir por un ventiluz. De ahí se dirigió a robar y cometió su crimen.

Patricia se defendió. Defendió a su hijo y su hogar.

Era maestra jardinera. Con gran vocación, a los 22 años había viajado desde Mar del Plata con una colega y amiga a organizar, dar clases y administrar una escuelita rural cerca de El Bolsón que la autoridad de Educación le había asignado. Luego de unos años se casó y se instaló en Esquel donde también se desempeñó como maestra y colaboró con pasión, alegría y entrega en diversas tareas al servicio de la comunidad.

Hoy la hermosa escuela y jardín de infantes 414 de Esquel lleva su nombre: Patricia Raquel Alvarez.

Caripán, el mapuche, fue apresado, juzgado y condenado a 18 años de prisión. A los 8 quedó libre.

El buen salvaje existió sólo en la cabeza pelagiana de Rousseau y en el indigenismo marxista.

Bella Vista, 08/09/2017, Natividad de Nuestra Señora

Luis Alvárez Primo

viernes, 8 de septiembre de 2017

Libros

“LA REVOLUCIÓN CULTURAL
EN LA ARGENTINA”
Cuarenta años después

Abelardo Pithod, de memoria y en una pincelada

La segunda edición de “La revolución cultural en la Argentina”, un breve texto que apenas llega a las cien páginas, tuvo lugar en la segunda quincena de mayo de 1977. Se han cumplido ya cuarenta años. ¿Por qué me interesa recuperar un poco del olvido esta “obra de un científico, obra crítica y también polémica” como escribe el Dr. Roberto Brie en el prólogo?

Este rescate y rememoración exterioriza motivos personales porque el autor, Dr. Abelardo Pithod, fue uno de mis grandes maestros mendocinos, profesor de Psicología General en la Universidad Católica Argentina (sede Mendoza), y con quien trabajé unos cuantos años como becario de investigación en el Centro de Investigaciones Cuyo (CIC) de esa ciudad. Puedo asegurar que conozco bastante bien al Dr. Pithod y sería una pérdida irreparable que olvidara sus lecciones en lo concerniente a mi formación intelectual y académica; pero, sobre todo, conservo como preciado tesoro las prolongadas charlas personales que solíamos mantener, café de por medio, en las tardes del CIC.

De Pithod siempre me impresionó la admirable capacidad para observar en la realidad de hechos y personas la dimensión psicológica y social –era su especialidad‒ sin perder nunca de vista los grandes principios de la filosofía perenne. Tenía Pithod una “mente psicológica” pues sabía inteligir con penetración y certeza la “causalidad psíquica” en las complejas cuestiones político-sociales y culturales que examinábamos con frecuencia. No era un “tomista de estricta observancia”, si por ello se entiende una continua y sistemática dedicación a la filosofía de Santo Tomás, aunque es cierto que tuvo una excelente formación universitaria en filosofía en la Universidad Nacional de Cuyo.

Abelardo era una “rara avis” entre los intelectuales mendocinos de aquellos años 60 y 70 en razón de sus extrañas preferencias y orientaciones, tales como el psicoanálisis de Freud y algunos de los grandes temas y maestros de la sociología contemporánea. Con el paso de los años, y habiendo re-pasado en estos últimos meses La revolución cultural, advierto cuánto de providencia hubo en que una cabeza católica y realista nos ayudase a inteligir y descifrar los desvaríos de la imaginería freudiana y nos previniese contra los abusos del determinismo social, propios del “sociologismo”.

Esta obra relativamente juvenil del autor tuvo una primera edición en 1974 y es evidente que el tema de la crisis y la revolución en la cultura y, a nuestro juicio, la metodología con la que el autor se propuso abordar el tema, habrá suscitado el interés de muchos lectores, razón que explicaría la segunda edición de la obra tres años después. “A Carlos Alberto Sacheri, muerto por Dios y por la Patria”, es la dedicatoria-homenaje con la que el lector comienza la lectura de la obra.

¿Por qué ´La revolución cultural´?

La Revolución Cultural en la Argentina es un libro extraordinario en los dos sentidos que puede tener el término, a saber, en cuanto obra que aporta una contribución original y en razón de la coyuntura histórica en la que fue escrita. En lo relativo al tratamiento del tema, el enfoque particular y el método de abordaje del problema fueron singulares para nuestra patria en aquellos años, y en los años que han seguido. No conozco una obra que desde la perspectiva ético-social, pero particularmente desde la matriz psicológica y social, se haya ocupado con tanta hondura y solvencia del desmontaje de los entresijos de la obra revolucionaria llevada a cabo contra los jirones últimos del orden social cristiano en nuestra nación.

Cabe acreditar al Dr. Pithod, y a su aquilata formación multidisciplinaria, el haber asimilado toda una serie de valiosos aportes de las ciencias humanas y sociales contemporáneas, haberlos puestos al servicio de la inteligencia católica tradicional, y con ellos haber puesto de manifiesto las patrañas de los profetas modernos de la revolución cultural. En efecto, uno de los logros más ricos y reveladores de La revolución cultural es el haber examinado y denunciado el maridaje entre el marxismo, y su política de la liberación social, y el psicoanálisis, y sus avanzadas en torno a la liberación sexual. El tema II, El instrumento psicológico para la revolución: la confluencia Marx-Freud, del capítulo I, La Revolución Psicosocial, es una verdadera pieza maestra de crítica católica y patriótica dedicada a examinar con lucidez aquella tremenda frase de la izquierda freudiana que argumentaba que “la revolución no está en las estructuras económicas y sociales; la revolución está en el interior del hombre”.

En una de las páginas de dicho apartado sostiene nuestro autor que “la revolución ha dado un paso capital en los últimos años, al confluir los dos profetas del mundo contemporáneo: Marx y Freud (…) el tema capital de los años setenta es la nueva izquierda freudiana. No por sí, sino por su potencialidad subversiva, utilizable por el marxismo”. Y de la siguiente manera responde a la pregunta de “¿qué aporta el psicoanálisis a la Revolución? – La Revolución, como veremos, ha entendido que hay que cambiar, además de las estructuras sociales, el corazón del hombre (…) ese corazón se forma moldeado por las estructuras y son las estructuras así incorporadas a la interioridad de la persona (internalizadas) las trasmitidas de generación a generación (…) Para ello el psicoanálisis aporta una serie de descubrimientos psicológicos (por ejemplo, el de los mecanismos de la internalización y también de la ´liberación´ interior) y – sobre todo – aporta un método catártico, purificador”.

A mi juicio, y en la línea argumental de la confluencia apenas examinada, uno de los aportes más valorados del libro de Pithod es lo que él denomina La inflexión marcusiana (p. 57 y siguientes), en obvia alusión al filósofo y teórico social, judeo alemán, Herbert Marcuse (1898 – 1979), uno de los más prestigiosos representantes del Instituto de Investigación Social, asociado a la Universidad de Frankfurt, más conocido como Escuela de Frankfurt. Marcuse unió en su personalidad las características del intelectual universitario sin dejar de cultivar el perfil de militante o activista y líder del movimiento de rebelión juvenil de fines de los sesenta. Debe decirse que Pithod no se ocupa en su libro del psicoanalista marxista Wilhelm Reich (1897 – 1957), auténtico precursor ideológico de la subversión cultural y primer antecedente de la revolución sexual puesta al servicio de la revolución cultural, o como el mismo Reich dijera, “la sexualidad al servicio de la batalla cultural”. Sí se ocupó de él Enrique Díaz Araujo en “La rebelión de la nada”, obra un poco posterior (1983) a la que estoy comentando.

En pocas páginas, nuestro autor expone y demuele la llamada inflexión marcusiana, reconociendo al judío marxista su aguda crítica de la sociedad industrial avanzada, opresiva e irracional; rechazando, empero, la torpe propuesta de una sociedad utópica que “deje el camino libre hacia una etapa más elevada”. La denuncia de los males presentes y la ausencia de una inteligencia creativa para proponer una sociedad verdaderamente humana - fundada en la virtud de la justicia y en el recto ordenamiento individual y familiar en vistas del bien común - es la herencia de estos críticos tributarios de Marx y de Freud, y para quienes lo que aparece es una suerte de falsedad u ocultamiento, mientras que la auténtica realidad aparece velada, oprimida y reprimida. “A la pregunta de cómo cambiar la sociedad actual, Marcuse responde que no basta cambiar las relaciones de producción (marxismo) sino que hay cambiar la mente de la gente, «la organización de sus instintos». Hay que liberar sus instintos reprimidos (…) La meta es lograr una vida sin represiones instintivas, una vida estético-erótica, gozosa y «pacificada» (…) La derrota de la escasez por la técnica ha hecho posible la utopía” (p. 67).

Se queja Abelardo, preguntándose si “este infantil anarquismo es todo lo que el profeta tiene que proponernos” (p. 67). Eros y Civilización y El hombre unidimensional son reconocidamente las obras de mayor enjundia en las que Marcuse elabora una menuda crítica de la alienación represiva a la que está sometido el hombre tanto en la sociedad de consumo capitalista como también en el socialismo soviético.

“Lo que se quiere destruir: la espiritualidad del sexo”

En el primer capítulo, La Revolución Psicosocial, prueba Abelardo su pericia para desmontar los mecanismos y procesos psicológico-sociales que sostienen el proceso de demolición cultural. Por lo demás, ha sido un raro descubrimiento la capacidad metodológica y analítica del autor, puesta de manifiesto en el apartado l El proceso de cambio, pues desarma la semántica revolucionaria en los mismos textos de revistas de divulgación y en periódicos, o bien en el lenguaje visual de la tele y del cine; formatos respecto de los cuales el sentido crítico del público no suele estar particularmente aguzado. El instrumento psicológico para la revolución: La confluencia Marx – Freud es el contenido medular del apartado II de este primer capítulo que anticipa los desarrollos sobre El Psicoanálisis; Ello, Yo y Supero-Yo; La inflexión marcusiana; El hombre liberado de la nueva teología; El aparato psicológico al servicio de la Revolución Total; y, Lo que se quiere destruir: la espiritualidad del sexo, contenidos centrales del apartado I, Metafísica del Hombre Nuevo, pero del segundo capítulo, Las Teorías Antropológicas de la Revolución Contemporánea.

Tal vez sea este segundo capítulo de La Revolución Cultural la contribución más penetrante y original del texto todo. Escribe nuestro autor que “tres son las opciones (…) que nos ofrece la revolución contemporánea como idea del hombre. Las tres son ideas ´utópicas´, es decir más allá de todo lugar exacto en el tiempo y en sentido estricto, por ello, metahistóricas. Las tres pretenden desalienar al hombre y por lo tanto, son salvíficas (…) Las tres confluyen ahora en una sola mística e impregnan la cultura subconsciente del mundo de masas (…) Nos referimos a las ideologías del Hombre Desalienado Marxista, del Hombre Liberado Freudiano, del Hombre Salvado de la Nueva Teología. Las tres trabajan místicamente en el advenimiento de la Revolución Total” (p. 49 y siguientes).

A lo largo de la obra Pithod se ha ocupado de probar que la revolución socialista tendrá una consumación exitosa solo si destruye la fuente de todas las desigualdades, esto es, el matrimonio heterosexual y la familia; que el psicoanálisis propone una revolución de los instintos con un Ello liberado de toda imposición normativa y, finalmente, que la Iglesia revolucionaria acompaña y bautiza el desquicio del hombre con una novedosa moral liberadora. Finalmente, se pregunta nuestro autor “(…) ¿qué significa en profundidad este ataque al Sexo, al Amor, a las fuerzas espirituales y biológicas que nos entretejen y son –al fin– eso que llamamos «nuestra naturaleza humana»? Significa el intento de llevar la mutación del nuevo hombre a sus profundidades vitales, al núcleo que define la unión y el pacto entre el espíritu y el animal que somos. Allí, en ese corazón carnal del hombre se comunican las vidas que nos constituyen, la vida biológica y la vida del espíritu. Es el corazón humano donde se halla el centro de gravedad del hombre (…) rabiosos de esta santidad intangible, los que odian los valores y son movidos en su odio por el Primer Homicida han decidido arrancarnos a jirones el núcleo sagrado de donde surge como de su fuente la llama del «hogar»: el Amor que se difunde y nos envuelve, que surgiendo del varón y la mujer, se perpetúa a través de la fuente de la vida en otros seres. El Amor Creador donde –como Dios respecto al Verbo– el hombre se realiza realmente en Otro Sí, el hijo. Esto es, ni más ni menos, lo que nos quieren arrancar” (pp. 87 y 88), concluye Abelardo su alegato.

Entre otras muchas, escogí esta cita para mostrar cuánto nos ha aventajado el diagnóstico de aquellos males para entender y enfrentar del mejor modo posible la demolición actual. “Cultura gay-lésbica”, “perspectiva de género” y “teoría queer” son términos ausentes en las páginas de La revolución cultural; empero, no faltan allí las denuncias sobre la “perversión exaltada”, la “libertad sexual” y la “agresión pornográfica”. Es evidente, por lo que cabe advertir, que puede cambiar algo la cosmética del adversario pero la ferocidad del rostro oculto permanece inalterable y conviene agradecer al Dr. Abelardo Pithod la singular agudeza y pasión por la verdad con las que pintó de cuerpo entero el maridaje freudo-marxista que continuó el ataque contra las cimientos crujientes de la Civilización Cristiana y que osó penetrar aún en el recinto sacro de la Esposa de Cristo mediante la propaganda tercermundista y liberadora.

Ernesto Alonso